Llegamos a Edinburgo una fría mañana de verano. Cruzamos el North Bridge con la vista fija en la línea de edificios que nos esperaban. La vieja ciudad de Edinburgo apareció ante nosotros como un barco hecho de casas amontonadas en ángulos irreales, moviéndose con lentitud hacia el mar. La disposición improvisada de Valparaíso encarnada en la sólida arquitectura victoriana de Londres. La seclusa belleza de la vieja ciudad de Edinburgo nos motivó lo suficiente para recorrerla a pesar de las pocas horas de sueño atesoradas en el viaje en bus.
Los escoceses, como la "fidedigna" película Corazón Valiente nos enseña, no siempre se llevaron bien con los ingleses. Alrededor del 1500 y después de una memorable derrota ante los "brits" en la Batalla de Flodden los escoceses decidieron construir una muralla alrededor de la Vieja ciudad de Edinburgo (solo como introducción a la sórdida historia de esta ciudad tenemos lo que le pasó a su rey, James IV. El rey fue muerto en la Batalla de Flodden, la ya nombrada derrota que motivó la construcción de la Flodden Wall. Luego de muchos años alguien se encontró una sorpresa en el ático de la St Michael Church, en Londres. Al parecer alguien había sacado a pasear la cabeza del rey desde Surrey a Londres. La iglesia y la cabeza (?) desaparecieron en el gran incendio de 1666). Con el castillo como punto de partida y el Loch Nor en el sur la ciudad se volvió casi impenetrable. De este modo Edinburgo se reprodujo hacia arriba, encaramando habitación tras habitación hacia el cielo, equilibrando a sus habitantes que crecían rápidamente en número. Se considera que la población de Edinburgo aumentó a 80,000 residentes en 200 años y números increíbles como de 200 personas viviendo en un solo piso aún se citan. Para 1600 esta ciudad medieval contaba con "edificios" de hasta 10 pisos. Sin embargo pobreza, malas condiciones higiénicas y enfermedades llevaron a la población menos afortunada de la ciudad a construir inversamente; hacia abajo.
Una de las razones para viajar a Edinburgo fue justamente visitar los "Underground Vaults" o parte de la llamada ciudad subterránea. Aunque creo que llamar ciudad a los Vaults es una estrategia para atraer turistas lo interesante es que descubrimos que Edinburgo tiene un desarrollado turismo paranormal. En el siglo XVIII se construyó el South Bridge, compuesto de 19 arcos de los cuales sólo dos son visibles desde la calle. La señora a la cual le fue prometida la inauguración del puente murió días antes y, como los escoceses cumplen su palabra, el puente fue inaugurado por su cuerpo, que lo cruzó en un ataúd. Los Vaults fueron utilizados para almacenar materiales y mercadería de los almacenes y tiendas que comenzaron a florecer en la superficie pero con el tiempo cayeron en desuso y grupos de ladrones de tumbas, borrachos y familias enteras sin posibilidades de vivir a la luz del sol habitaron los Vaults. Se asegura que los asesinos seriales Burke y Hare escondían ahí los cuerpos de los que asesinaban y el profesor Richard Wiseman en el Festival Científico del año 2001 reportó los más altos niveles de actividad paranormal de toda Europa. Debo reconocer que, cuando bajamos a los Vaults, lo que más asusta es la posibilidad de que allí viviera, efectivamente, gente, a veces por meses enteros sin ver la luz.
Relacionado con la oscura historia paranormal de Edinburgo está Bloody Mackenzie y el Mausoleo Negro. Sobre el primero los niños cantan "Bluidy Mackingie, come oot if ye daur, lift the sneck and draw the bar!" whatever that means. Este caballero persiguió de forma excesiva y violenta a un grupo de tipos que firmaron un tratado donde se oponían a los reyes de la dinastía de estuardo y a sus aspiraciones de controlar la Iglesia escocesa e instaurar el episcopalismo (Los Covenantes). Cuando murió lo enterraron en Greyfriars Kirkyard, donde muchas de sus víctimas también estaban enterradas. El espíritu inquieto de este hombre ha generado, desde 1999, 400 reportes de ataques paranormales, 170 colapsos o desmayos, un exorcista muerto, fuegos inexplicables, lugares de extremo frío, un número no natural de animales muertos y gente con dedos rotos. El Mausoleo Negro sigue ahí, incólume junto a la antigua prisión donde cientos de personas fueron encerradas, torturadas y sus cabezas puestas en picas. Bloddy Mackenzie, el hombre al que se le atribuyen las muertes de más de 18,000 hombres mujeres y niños es prisionero de su propia historia en un cementerio tapizado de conmemoraciones a los Covenantes. Eran los tiempos asesinos de la historia de Escocia.
Otra historia en el mismo cementerio es la de Greyfriar´s Bobby, el perro de un policía cuya lealtad le ganó un lugar en el cielo humano. Bobby era un perrito normal y corriente que acompañaba a su amo, allá por los 1850´s, en sus rondas nocturnas por la ciudad. Cuando su dueño murió, este skye-terrier pasó 14 años custodiando la tumba de su amo hasta que él también murió. Es muestra del cálido carácter escocés el reconocimiento que le han dado a esta historia. Bobby cuenta con una estatua a la entrada del cementerio y, en contra de todas las leyes de la época, fue enterrado en secreto junto a su amo, mientras una tumba falsa a la entrada del cementerio es atiborrada de ramas de árbol, tickets de tren (para que Bobby viaje) y regalos para perro.
Sin embargo, de todas las historias de asesinatos y ejecución mi favorita es la de los bodysnatchers Burke y Hare. Ser un ladrón de tumbas era un oficio en boga en el 1500`s. La Iglesia Católica se oponía al derramamiento de sangre por lo que las cirugías, y cualquier actividad relacionada con dar a luz y sacarse un diente picado era ejecutada por barberos. De los que te rasuran. Al mismo tiempo, Edinburgo comenzó a hacerse famosa por su facultad de medicina y la alta cantidad de estudiantes significó una alta demanda de cuerpos por parte de los estudiantes de anatomia. Como solamente los cuerpos de criminales eran candidatos a este castigo que era la disección (y donar tu cuerpo a la ciencia implicaba no poder resucitar en el Juicio Final), la cantidad de estudiantes ávidos de ver un cuerpo disectado era mayor que el número de criminales condenados a muerte. La solución al problema lo proveyeron los resucitadores o ladrones de tumbas a los cuales se les pagaba la envidiable suma de 10 pounds el cuerpo. Le tomó 200 años al colegio de cirujanos prohibir a sus estudiantes relacionarse con ladrones de tumbas pero la reputación de los estudiantes de anatomía no se limpió fácilmente. La gente se alejaba de las puertas del colegio de cirujanos ante la creencia de que los estudiantes buscaban víctimas frescas.
Hare y Burke eran inmigrantes irlandeses que, ahí por el 1820 y sabiendo de que los cementerios eran terreno demasiado transitado de noche, decidieron recurrir al asesinato para proveer de cuerpos a las facultades de medicina. Cuando los pillaron, habían asesinado a 17 personas y Hare atestiguó contra su compañero, lo que le dió la libertad. Burke fue ahorcado, exhibido y su cuerpo donado a la ciencia. Era tal el frenesí en torno a estos asesinatos que, de la piel de Burke, se hicieron bolsitos cuadrados para guardar monedas, uno de los cuales está en exhibición en el cuartel de policía en el centro de la antigua ciudad de Edinburgo. La piel parece curtida por manos expertas y unos dibujos decorativos la hacen parecer una obra de artesania.
Pero la historia de Hare y Burke no termina ahí. En 1836, en una cueva del llamado Arthur´s Seat (en Edinburgo) se encontraron 17 muñecas cuidadosamente vestidas y colocadas dentro de pequeños ataúdes de madera. Las fechas coinciden y, pareciera, que por cada víctima entregada a la ciencia para ser destripada, alguien realizaba un funeral simbólico con estas muñecas de medera. Las muñecas que han sobrevivido pueden verse en el Museo Nacional de Escocia y los últimos análisis de DNA han levantado la aún no probada teoría de que fue el propio Burke quién habría confeccionado las muñecas. Lo que sea que signifiquen las muñecas me imagino el Arthur´s Seat y sus cuevas, el viento frío que lo penetra, y la vista provilegiada a Edinburgo. Me imagino a alguien observando las luces encenderse y el sonido apagado de los carruajes. Y el ruido del cuchillo cortando, puliendo, dando a luz a pequeñas personas de madera que, al contrario de Pinocho, fueron hechas a semejanza de gente ya muerta, y que jamás cobrarán vida.
2 comentarios:
Fuck, yo quiero ir ahí!!!
y las fotos de los subterraneos???
Te penaron?
TE EXTRAÑO DEMASIADOOOOO
lindaaaa!!! donde estas??? las fotos de los subterraneos no salieron porque mi camara tienen un flash penca y ahi abajo solo fotografie traseros y pies y pelo de gente. No se puede fotografiar la clautrofobia. Pero tengo algunos dibujillos.
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