miércoles 24 de septiembre de 2008

Paris

Ahora debería estar trabajando en mi propuesta para mi primer módulo. En cambio, voy a tratar de recordar una ciudad que visité hace 6 meses. Va a ser divertido.
Viajamos a Paris con mi vieja, usando el Eurostar, donde llegas a la ciudad en 45 minutos más o menos sin contar vacas atascadas en las vías o monstruos marinos tratando de destruir el eurotúnel. No tuvimos nada de eso, solo mucha nieve que nos atrasó unos 15 minutos antes de entrar al túnel propiamente tal. Al menos, eso es lo que nos dijeron. Aprendí que los ingleses le llaman English Channel y los franceses Le manche. Nosotros le decimos Canal de la Mancha lo cual no tiene sentido porque Manche es manga en francés y no mancha en español. Anyway.
Viajamos con un grupo de ingleses borrachos tomando champagne y dos franceses que claramente pensaban que todo eso era de muy mal gusto. Dormí la mayor parte del viaje pero cuando desperté me encontré con que avanzábamos entre kilómetros y kilómetros de nieve pura, salpicada por casitas como todas las casitas europeas de campo; de cuentos. Una vez conocí a una mujer que me dijo que la vida era un paréntesis en medio de nada. Me sentí como eso cuando llegué a París. Entre Paris y Londres habían miles de cosas pero no sentí ninguna de ellas, porque el tren se movía bestialmente rápido. Quizás antes de nacer nos movemos demasiado rápido como para sentir cualquier cosa. Llegamos a una estación llamada Gare du Nord que significa Estación del Norte.
A pesar de todas las cosas terribles que los ingleses me habían dicho de los franceses los encontré amables y muy amistosos con gente que hablaba español. También debe ser que cocinan muy bien y hacen cosas tan ricas como los crepes pero no encontré nada terrible en su lenguaje cantado y en las demostraciones de afecto exageradas. Esa tarde comimos una comida de verdad en un restaurant de verdad, con pan, mantequilla y palitos de ajo gratis y con un sabor conocido que no te costaba lo mismo que vender un órgano vital como en Londres. Nuestro hotel quedaba cerca de la plaza de La Republique así que quedaba cerca de un metro del mismo nombre. Los wc podían descargarse en dos velocidades; una para media taza y el otro para la taza completa. Más tarde encontré de esos mismos en Londres y en Cambridge pero no me había dado cuenta de que existían hasta entonces. Los metros son fríos y de pisos altos y curvos.

Visitamos Notre Dame ese día. Yo había ido hace tres años atrás y me generó el mismo impacto que esa vez. Antes, yo nunca había entrado a una iglesia tan grande, tan antigua y tan hermosa. Una vez conocí a una francesa que había encontrado Notre Dame nada grande y bien aburrida. Yo le dije que en mi país no habían iglesias así. La gente que trajó la idea de un dios no tenía que competir con nadie cuando construyó nuestras iglesias porque los nativos tenían dioses pululando por todos lados, no en un solo lugar. Entonces nuestras iglesias son sólo copias de otras más grandes, resplandecientes y caras. Notre Dame es una hermosa nave-madre de iglesias. Dios puede sentirse orgulloso por inspirar a los hombres a tallar esas formas en la roca, ante el efecto de provocar pavor con la inmensidad de las bóvedas, ante la idea de oscurecer el interior para que los vitrales brillen con historias de asesinato, perdón y miseria. Cuando estábamos haciendo la fila para ver a las quimeras en las torres, un grupo que defendía al Tíbet se tomó las torres mas altas de la catedral y tuvimos que ir a la plaza a mirarlos, ya que eso era lo que ello querían, hasta que unos policías franceses los bajaron de las torres con mucho cuidado, enrollaron las pancartas que habían colgado de las fauces y cabezas de las quimeras y nos recomendaron a todos que nos largáramos. Con mi mamá nos encaminamos a la torre Eiffel riéndonos y recitando: liberté le tibet.
Olvidé decir que ese día estaba lloviznando. La primavera se negaba a avanzar. La gente hacía fila bajo las piernas abiertas de la torre Eiffel. Le vimos sus partes con interés. Yo también había estado ahí 3 años atrás pero había subido la torre caminando porque no quería pagar el ascensor. Subí 1665 escalones. Más tarde, en Praga, subí 287 escalones para acceder a la galería del castillo de Praga. Todos eran en espiral. La gente no tenía mucho espacio para escalones anchos y cómodos en ese entonces. Recuerdo que me maree mucho en ese viaje. El viento helado congelaba las sonrisas. El enorme cuerpo metálico de la torre no parecía pesado.
Nos fuimos a acostar temprano. Comimos crepes y compramos pan. Dormimos abrazadas pero despertamos separadas. Eso suele pasar en el sueño. No sabemos cómo o porqué sucede.
AL otro día hicimos muchas más cosas. Fuimos al Petit Palais donde había una exhibición con los grabados de Goya, fuimos a mirar edificios bonitos y fuimos al Hospital de los Inválidos, construido por Luis XIV para soldados enfermos o cansados de pelear. Ahí está la tumba de Napoleón. Si alguien llegara a este planeta y no supiera nada sobre el miedo que la raza humana le tiene a la muerte y a ser olvidado pensaría que Napoleón fue un gigante. La tumba está compuesta por 6 ataúdes uno dentro del otro, como una muñeca rusa, lo que la convierte un un sarcófrago gigante. Napoleón no puede volver como zombie. Sus admiradores lo enterraron bajo 6 capas de mármol, acero y madera para que nadie robara sus restos. La gente roba los restos de otros solo para humillar a sus enemigos. No es nada en contra del muerto en particular.

Comimos mas crepes y tomamos tecito en un cafe muy chulo. Nos preparamos para hacer un paseo en barco a través del Sena porque esa era nuestra última noche en Paris y queríamos ver a la ciudad iluminada. Desde los rios las ciudades se ven distintas. Los peces deben tener una perspectiva interesante de todos nosotros. Durante ese viaje mi mamá se enfermó aunque aún no lo sabíamos. Hacía mucho frio y queríamos estar afuera, recibiendo el aire de frente porque todo se veía hermoso bajo las luces artificiales. Nos fuimos a acostar de la misma manera, esta vez compartiendo bacterias.
Nuestro último día lo pasamos en el Louvre. Había una exhibición sobre Babilonia y entré a ver estatuas reales de Pazuzu y Lilith. Lilith no se llamaba así, ese es su nombre hebreo y acadio. Se dice que su verdadero nombre es Ereshkigal y nunca ve la luz, aunque la mayoría piensa que es un demonio. Estas fueron una de las primeras encarnaciones de aquello que asustaba a los hombres y que se escondía mas allá de las casas y las paredes de la ciudad, más allá de todo aquello que era conocido. Pazuzu era un demonio también, pero era capaz de proteger contra otros demonios. Otros demonios lo consideraban un traidor. Es antiguo, y poderoso. Su nombre viene del sonido que hacen las moscas y está asociado a las nubes de moscas que indican la presencia de algo muerto.
Los babilonios fueron una de las primeras civillizaciones en conceptualizar la muerte. La entendían como miles de pequeños puntos negros zumbando alrededor de algo orgánico. La veían como una danza. También vi la Venus de Milo y la Mona Lisa y la Balsa de la Medusa. La Mona Lisa siempre está sonriendo a pesar de todas las cámaras y turistas y flashes que relampaguean frente a ella todos los días. Es, ciertamente, alguien muy amable. Hay muchos cuadros y exhibiciones hermosas en el Louvre. Estaba muy feliz de poder ver todas esas cosas.
Volvimos temprano para poder tomar el tren. No pudimos ir al Sacré Coeur pero lo dejamos para otra ocasión. Mi mamá comenzaba a sentirse mal. Esperamos en la estación casi dos horas. Habían estufas gigantes en la estación, y todos nos arrimábamos a ellas, como avispas alrededor de colmenas ardientes. Habían varios vagabundos ahí. Uno de ellos dormía ocupando tres asientos. El asiento que estaba al lado de su cabeza estaba vacío. Todos los demás estaban repletos. Una niña gringa se sentó ahí, en una clara muestra de valentía. El vagabundo despertó, reveló su bragueta del pantalón abierta y unos ojos perdidos. Avanzó a la estufa hasta casi abrazarla. Yo lo entendí. Cuando uno duerme la temperatura corporal disminuye. Por eso es tan fácil morir en el sueño. El debe haber pensado lo mismo y tratado de recuperar el calor rápidamente. Mi madre me llamó, había encontrado uan tienda de crepes.
Dejamos Paris sin problemas. El viaje de vuelta fue tranquilo y silencioso. Viajamos tomadas de las manos. No nos quedamos dormidas.