viernes 8 de enero de 2010

Bristol y Glastonbury

Quería hablar de estos dos lugares antes de olvidarlos, porque ahora me parecen como algo que leí en un libro de texto, así de historicos e informáticos son. Por eso solo voy a hacer un picadillo de datos, sentimientos, emociones, cosas que pasaron en esos dos lugares.
Bristol no es lindo por supuesto. Es Bristol. Es una ciudad, como Puerto Montt o San Antonio. Uno no es atacado visualmente por arquitectura gótica ni buses rojos. No hay nada particularmente diferente de Europa o Santiago. Uno llega a una estación de trenes regular, se pierde de forma regular antes de llegar a la hostal, entra a una estación de servicio regular, compra un mapa y luego llega definitivamente. Es al llegar donde empieza lo divertido, al revés de muchas historias con moraleja. Nuestra hostal en Bristol parecía no existir en el mundo físico. La numeración no era la correcta en las calles y google maps cometió suicidio por una paradoja cartográfica. Poseíamos un mapa falso, muchos lugareños encantados de ayudar (por alguna razón los bristolianos son excesivamente amables y dispuestos) y una apariencia ingenua y lista para conocer. La hostal se materializó ante nosotros cuando le preguntamos la dirección a alguien que salía del edificio. La razón por la que no podíamos encontrarla es porque su verdadero nombre era The Lanes y no Rock and Bowl Motel (la verdad es que la reservamos solo por nombre cool). Aunque sería mas justo decir que nuestra hostal era un bowling al mismo tiempo. Y una panadería. Y un bar. Y un cine. Y un centro de eventos. El primer piso estaba decorado como una fuente de soda y bowling de los 50`s y nuestras piezas en completa remodelación. Los baños eran compartidos entre hombres, mujeres y obreros de la construcción, igual que las duchas. Era una de las hostales mas cool y autárquicas que he conocido.


Una de las razones para ir a Bristol fue que el Museo de Bristol presentaba la exhibición Banksy versus Bristol Museum. Nuestro querido grafitero intervenía el museo de la ciudad que lo vió crecer (?) escondiendo fotos obscenas y políticamente incorrectas en todos sus rincones, destruyendo sus aburridos cuadros y exhibiciones de vajilla china e inglesa. A pesar de las 3 horas de espera y una emergencia estomacal la exhibición valió absolutamente la pena y aprecio las horas en que estuve mirando salas enteras para encontrar una pequeña rata de fierro con una máscara antigases oculta entre animales disecados del caribe.
También visitamos la Camera Obscura y la Torre del Observatorio de Bristol. Un lugar muy extraño que se inclina sobre el puente de suspensión de Clifton. La camera Obscura fue construida en 1829 y es una especie de mecanismo visual que permite mirar un espacio de terreno en 360 grados. Es una mecanismo muy simple y casi cyberpunk de ingeniería y fue usado mucho por estudiantes de arte. No es un punto de visita turístico muy conocido y está muy abandonado pero una vez le preguntamos direcciones a un señor en la calle y él se sonrío pensando que, cuando era niño, su padre solía llevarlo al observatorio. Se dijo a sí mismo que era un aparato maravilloso y que hace tiempo que no lo visitaba. Estando apretados en el estrecho observatorio, girando la manivela de madera, mirando los alrededores de la torre de observación (los arboles se mueven, la gente camina, los lentes funcionan como una cámara proyectada sobre una superficie blanca) me sentí como una bruja de cuento, mirando mis próximas víctimas en mi caldero hirviente.



Glastonbury es más conocido por uno de los festivales mas bizarros de Reino Unido; el Festival de Glastonbury o el festival de música y artes al aire libre más grande del mundo. Pero nosotros no íbamos a eso. Glastonbury ha estado en mi inconsciente desde que leí las Nieblas de Avalon; la versión feminista y sexualizada de la historia del rey Arturo escrita por Marion Zimmer Bradley. Glastonbury es considerado el punto místico donde se encuentra Avalon, o la Tierra de las Manzanas, el lugar donde Excalibur fue forjada y donde descansa el Rey Arturo, para curarse de sus heridas. Así es, quería viajar al corazón de la mitología británica, alejarme de su racionalismo empírico, del Londres funcional y del cambridge erudito y meterme en su pasado bizarro y mágico. Y no fui decepcionada. Glastonbury guarda las ruinas de la Abadía de Glastonbury, lugar que ha reclamado ser la Iglesia construida sobre la tierra mas antigua del mundo, fundada por nadie más ni menos que José de Arimatea, el que donó su tumba para Cristo después de su crucifixión. Al parecer José estuvo muy activo los siglos siguientes recibiendo el Grial de una aparición de Jesús y enviándolo con gente a través de toda Gran Bretaña. También anduvo predicando el Evangelio por las islas y, para probarlo, un espino nacido del bastón de José se encuentra en la abadía de Glastonbury. La propia historia del espino es interesante; se dice que cuando José de Arimatea clavó su bastón en tierras bretonas éste floreció y se quedó ahí, como un espino. Este arbol florece dos veces al año y su poder místico era tan considerado que las tropas de George Cromwell destruyeron el original durante la Guerra Civil Inglesa. De ahí en adelante muchos reclaman poseer retoños del espino original y uno de ellos se dice que está en la Abadía de Glastonbury. Qué mas hay en la Abadía? La tumba de Arturo y su esposa Ginebra, cuyos cuerpos desaparecieron misteriosamente y de cuya historia se rumorea que fue un truco de los monjes de la Abadía para ganar reconocimiento, dinero y atención porque se les había quemado la Abadía. De acuerdo con la leyenda acerca del cuerpo del Rey Arturo, éste era tan grande que su mano era del tamaño del rostro de un hombre adulto.


El Glastonbury Tor es quizás uno de los puntos de interés mas extraños que he visitado. Toda información con respecto a él es incierta, y está cubierta por capas y capas de misticismo y mal fundadas teorías. Se dice que es la casa de Gwyn ap Nudd, el señor del Inframundo. Que es parte de un complejo sistema de laberintos neolíticos, o un lugar de retiro para monjes. O sea, el Tor es una especie de torre sin pisos ni peldaños en la cima de una tremenda colina. Se ve desde kilómetros a la redonda y es un poco ominoso. Luego de una larga y dolorosa subida hay vendedores callejeros arriba, vendiendo agua y pañuelitos desechables. Puedes sentir un viento puro y agresivo y ver los campos a la redonda.

Glastonbury su atmósfera de pueblito New Age, donde tiendas vendedoras de inciensos y conspiraciones UFO sobreviven tranquilamente. Borrachos de plaza abundan en tiempos de turistas y cafes esotéricos y ferias artesanales se hacen la América. Es un pueblo hermoso y tranquilo, con un ligero aire a vacaciones permanentes, a feria de pueblo de playa, de esos a los que iba cuando era chica, comía churros en la plaza y jugaba a los flipers.

domingo 1 de noviembre de 2009

Sonisphere




Reino Unido es conocido por la música. Y, más aún, por los monstruosos conciertos que presentan decenas de bandas una tras otra, cantidad que se dobla si contamos los eventos con escenarios simultáneos. Sonisphere era la oportunidad para asisitir a una "gig" en código europeo, es decir, masiva, brutal, innecesaria y exhilarante.
Llegamos a Sonisphere en Knebworth (a unos 30 minutos de Cambridge por tren) un domingo a las 9 de la mañana. Los conciertos habían comenzado un día atrás, presentando a Linkin Park, Anthrax, Heaven and Hell, Coheed and Cambria, Bullet for my Valentine etc etc. El campamento que alojó a los valientes metaleros estaba cubierto de banderas de todo el mundo (aunque, extrañamente, los campistas eran todos excesivamente blancos). La noche anterior había dejado un tufo a alcohol que podía olerse a kilómetros y, una vez en el sitio del concierto, fuimos testigos de campistas sufriendo las secuelas de una noche de metal y exceso de sheperd´s pie (o pastel de puré de papas y carne) y haciendo colas eternas para lavarse o depositar el exceso de nutrientes en el baño.

Pasamos 3 puestos de seguridad y sólo el último toqueteo evidenció las muchas latas de atún que traíamos. Por reglamento no es permitida comida en el sitio pero, al saber que no era alcohol o armas de destrucción masiva, el guarda nos dejó pasar. Dentro, era como el último piso del Eurocentro disfrazada de parque de diversiones. O, para los que no son de Chile, como el sueño del consumista de merchandising metal con interminables filas para ir al baño. Después de descubrir que el locker que arrendamos era un cuatrigésimo del tamaño de nuestra mochila decidimos disfrutar de los numerosos freaks que atendían al evento. Estaban todos los estereotipos del amplio abanico de tribus metal; el motoquero guatón con chaqueta de cuerina, el adolescente depresivo con polera de su grupo favorito, femme fatales con novios musculosos y transpirando testosterona, posers y, mucho más que cualquier otro especimen, británicos flacos y blancos como fantasmas, rapados, sin polera y acarreando banderas confederadas. Decidimos ahogar el nerviosismo que nos producía la reducida diversidad racial y nos sentamos en uno de los pocos espacios en el suelo que no estaba regado con elementos orgánicos (vomito, pichi y comida descompuesta). Ahí esperamos a Killing Joke. A esa hora de la mañana la mayoría de los campistas estaban durmiendo la borrachera y, los pocos que estaban en el sitio, abrían la mañana comiendo de los numerosos puestos de comida chatarra. Para el medio día caminábamos sobre 1 metro de basura aplanada limpiamente por los circle pits. Al parecer, éste tipo de "gig" deja en evidencia lo que es común a todas las tribus metal; comer, tomar y patear(se).

Para sincerarme: nunca he sido mucho de conciertos. No vayan a creer que soy una conocedora de los codazos y patadas voladoras o de la sangre ajena en mi ropa. Me considero una cobarde de las masas sudorosas que se mueven a un tiempo, una fóbica de las catarsis y, es más, un ser fácilmente aplastable. Hasta entonces había gritado con mis grupos favoritos desde la seguridad de la altura y un asiento tras de mi. Sin embargo hace tiempo que ardía con un fervor suicida de experimentar esa clase de adrenalina, y ya me había hecho a la idea de recibir líquidos vitales de extraños escuchando los gritos de mi banda-objeto de adoración. Bueno, la mala idea fue viajar a Escocia al dia siguiente y estar cargando una mochila 3 cuartos de mi porte en el medio de un incipiente mosh pit. Para cuando Lamb of God subió al escenario el ambiente estaba tan caldeado que hasta yo portaba un orgulloso "redneck" y había tanta testosterona en el aire que temí quedar embarazada. Lamb of God es un verdadero calienta masas y delante de nosotros había una pareja que parecía directo receptor de toda la energía del vocalista. El Jose (mi pololo) nunca se va a olvidar de que el tipo estaba comiendo un hot dog del porte de mi brazo y, al mismo tiempo, limpiándose la mostaza con la oreja (y nervio vestíbulococlear incluido tímpano y estribo) de la mina que tenía al lado, la cual podría ser su novia o una asistente anónima muy generosa. No experimentamos (para mi suerte) el famoso "Wall of Death" pero sí generosas porciones de cerveza que caían del cielo como regalo de los dioses borrachos. Pero todo esto era sólo un pre calentamiento a Machine Head o Machine Fucking Head como gritaban sus fans. MH sabe cómo levantar un grupo de arios viviendo la caña y apenas llegado al escenario le propuso a todos formar la notable cantidad de 12 mosh pits; un record personal que quería romper. Al principio pensamos en correr como cervatillos pero estábamos atrapados entre cinturones de acero y botas reforzadas. Cuando los mosh pits comenzaron a formarse a nuestro alrededor no pude evitar pensar en pequeños huracanes de carne que no tardarían en absorbernos y destruirnos en una gloriosa orgía metal. Fue entonces cuando fuimos arrastrados fuera de los mosh pits por una desbandada ola humana que venía del frente del escenario y pensamos, con alivio; eso nos ahorra la retirada vergonzosa porque no me imagino haciendo un mosh pit con 4 kilos de atún y pan pita. De todos modos los 12 mosh pits profetizados nunca se cumplieron y MH se retiró un poco desilucionado, aunque glorioso.

La verdad es que una de las razones para ir a Sonisphere fue NIN. Cuando Trent se subió al escenario la multitud estaba tan apretada en torno a mi que podía relajar mis piernas y continuar de pie. Trent comenzó muy bien, fornicando con el teclado como de costumbre, corriendo de un lado a otro del escenario golpeando teclas pero luego de una o dos canciones se centró en su último disco y en otras canciones absolutamente no representativas y, yo diría, ambientales. Se despidió dejándonos fríos, extrañados y mal follados.
Tan fuerte fue la desilución que decidimos irnos a Londres sin ver a Metallica. Ya los campistas descendían en masa hacia el escenario, prometiendo una celebración mesiánica pero los dejamos en silencio, con la sensación de haber asistido a una celebración adrenalínica y hostil, sin anfitriones ni introducciones, sin subtítulos ni explicaciones, y a la cual no acabábamos de pertenecer. Aun así atesoro mi boleto y el candado del locker que me dieron, del cual olvidé la clave, y no puedo abrir.

miércoles 30 de septiembre de 2009

Edinburgh


Llegamos a Edinburgo una fría mañana de verano. Cruzamos el North Bridge con la vista fija en la línea de edificios que nos esperaban. La vieja ciudad de Edinburgo apareció ante nosotros como un barco hecho de casas amontonadas en ángulos irreales, moviéndose con lentitud hacia el mar. La disposición improvisada de Valparaíso encarnada en la sólida arquitectura victoriana de Londres. La seclusa belleza de la vieja ciudad de Edinburgo nos motivó lo suficiente para recorrerla a pesar de las pocas horas de sueño atesoradas en el viaje en bus.

Los escoceses, como la "fidedigna" película Corazón Valiente nos enseña, no siempre se llevaron bien con los ingleses. Alrededor del 1500 y después de una memorable derrota ante los "brits" en la Batalla de Flodden los escoceses decidieron construir una muralla alrededor de la Vieja ciudad de Edinburgo (solo como introducción a la sórdida historia de esta ciudad tenemos lo que le pasó a su rey, James IV. El rey fue muerto en la Batalla de Flodden, la ya nombrada derrota que motivó la construcción de la Flodden Wall. Luego de muchos años alguien se encontró una sorpresa en el ático de la St Michael Church, en Londres. Al parecer alguien había sacado a pasear la cabeza del rey desde Surrey a Londres. La iglesia y la cabeza (?) desaparecieron en el gran incendio de 1666). Con el castillo como punto de partida y el Loch Nor en el sur la ciudad se volvió casi impenetrable. De este modo Edinburgo se reprodujo hacia arriba, encaramando habitación tras habitación hacia el cielo, equilibrando a sus habitantes que crecían rápidamente en número. Se considera que la población de Edinburgo aumentó a 80,000 residentes en 200 años y números increíbles como de 200 personas viviendo en un solo piso aún se citan. Para 1600 esta ciudad medieval contaba con "edificios" de hasta 10 pisos. Sin embargo pobreza, malas condiciones higiénicas y enfermedades llevaron a la población menos afortunada de la ciudad a construir inversamente; hacia abajo.

Una de las razones para viajar a Edinburgo fue justamente visitar los "Underground Vaults" o parte de la llamada ciudad subterránea. Aunque creo que llamar ciudad a los Vaults es una estrategia para atraer turistas lo interesante es que descubrimos que Edinburgo tiene un desarrollado turismo paranormal. En el siglo XVIII se construyó el South Bridge, compuesto de 19 arcos de los cuales sólo dos son visibles desde la calle. La señora a la cual le fue prometida la inauguración del puente murió días antes y, como los escoceses cumplen su palabra, el puente fue inaugurado por su cuerpo, que lo cruzó en un ataúd. Los Vaults fueron utilizados para almacenar materiales y mercadería de los almacenes y tiendas que comenzaron a florecer en la superficie pero con el tiempo cayeron en desuso y grupos de ladrones de tumbas, borrachos y familias enteras sin posibilidades de vivir a la luz del sol habitaron los Vaults. Se asegura que los asesinos seriales Burke y Hare escondían ahí los cuerpos de los que asesinaban y el profesor Richard Wiseman en el Festival Científico del año 2001 reportó los más altos niveles de actividad paranormal de toda Europa. Debo reconocer que, cuando bajamos a los Vaults, lo que más asusta es la posibilidad de que allí viviera, efectivamente, gente, a veces por meses enteros sin ver la luz.



Relacionado con la oscura historia paranormal de Edinburgo está Bloody Mackenzie y el Mausoleo Negro. Sobre el primero los niños cantan "Bluidy Mackingie, come oot if ye daur, lift the sneck and draw the bar!" whatever that means. Este caballero persiguió de forma excesiva y violenta a un grupo de tipos que firmaron un tratado donde se oponían a los reyes de la dinastía de estuardo y a sus aspiraciones de controlar la Iglesia escocesa e instaurar el episcopalismo (Los Covenantes). Cuando murió lo enterraron en Greyfriars Kirkyard, donde muchas de sus víctimas también estaban enterradas. El espíritu inquieto de este hombre ha generado, desde 1999, 400 reportes de ataques paranormales, 170 colapsos o desmayos, un exorcista muerto, fuegos inexplicables, lugares de extremo frío, un número no natural de animales muertos y gente con dedos rotos. El Mausoleo Negro sigue ahí, incólume junto a la antigua prisión donde cientos de personas fueron encerradas, torturadas y sus cabezas puestas en picas. Bloddy Mackenzie, el hombre al que se le atribuyen las muertes de más de 18,000 hombres mujeres y niños es prisionero de su propia historia en un cementerio tapizado de conmemoraciones a los Covenantes. Eran los tiempos asesinos de la historia de Escocia.


Otra historia en el mismo cementerio es la de Greyfriar´s Bobby, el perro de un policía cuya lealtad le ganó un lugar en el cielo humano. Bobby era un perrito normal y corriente que acompañaba a su amo, allá por los 1850´s, en sus rondas nocturnas por la ciudad. Cuando su dueño murió, este skye-terrier pasó 14 años custodiando la tumba de su amo hasta que él también murió. Es muestra del cálido carácter escocés el reconocimiento que le han dado a esta historia. Bobby cuenta con una estatua a la entrada del cementerio y, en contra de todas las leyes de la época, fue enterrado en secreto junto a su amo, mientras una tumba falsa a la entrada del cementerio es atiborrada de ramas de árbol, tickets de tren (para que Bobby viaje) y regalos para perro.

Sin embargo, de todas las historias de asesinatos y ejecución mi favorita es la de los bodysnatchers Burke y Hare. Ser un ladrón de tumbas era un oficio en boga en el 1500`s. La Iglesia Católica se oponía al derramamiento de sangre por lo que las cirugías, y cualquier actividad relacionada con dar a luz y sacarse un diente picado era ejecutada por barberos. De los que te rasuran. Al mismo tiempo, Edinburgo comenzó a hacerse famosa por su facultad de medicina y la alta cantidad de estudiantes significó una alta demanda de cuerpos por parte de los estudiantes de anatomia. Como solamente los cuerpos de criminales eran candidatos a este castigo que era la disección (y donar tu cuerpo a la ciencia implicaba no poder resucitar en el Juicio Final), la cantidad de estudiantes ávidos de ver un cuerpo disectado era mayor que el número de criminales condenados a muerte. La solución al problema lo proveyeron los resucitadores o ladrones de tumbas a los cuales se les pagaba la envidiable suma de 10 pounds el cuerpo. Le tomó 200 años al colegio de cirujanos prohibir a sus estudiantes relacionarse con ladrones de tumbas pero la reputación de los estudiantes de anatomía no se limpió fácilmente. La gente se alejaba de las puertas del colegio de cirujanos ante la creencia de que los estudiantes buscaban víctimas frescas.
Hare y Burke eran inmigrantes irlandeses que, ahí por el 1820 y sabiendo de que los cementerios eran terreno demasiado transitado de noche, decidieron recurrir al asesinato para proveer de cuerpos a las facultades de medicina. Cuando los pillaron, habían asesinado a 17 personas y Hare atestiguó contra su compañero, lo que le dió la libertad. Burke fue ahorcado, exhibido y su cuerpo donado a la ciencia. Era tal el frenesí en torno a estos asesinatos que, de la piel de Burke, se hicieron bolsitos cuadrados para guardar monedas, uno de los cuales está en exhibición en el cuartel de policía en el centro de la antigua ciudad de Edinburgo. La piel parece curtida por manos expertas y unos dibujos decorativos la hacen parecer una obra de artesania.
Pero la historia de Hare y Burke no termina ahí. En 1836, en una cueva del llamado Arthur´s Seat (en Edinburgo) se encontraron 17 muñecas cuidadosamente vestidas y colocadas dentro de pequeños ataúdes de madera. Las fechas coinciden y, pareciera, que por cada víctima entregada a la ciencia para ser destripada, alguien realizaba un funeral simbólico con estas muñecas de medera. Las muñecas que han sobrevivido pueden verse en el Museo Nacional de Escocia y los últimos análisis de DNA han levantado la aún no probada teoría de que fue el propio Burke quién habría confeccionado las muñecas. Lo que sea que signifiquen las muñecas me imagino el Arthur´s Seat y sus cuevas, el viento frío que lo penetra, y la vista provilegiada a Edinburgo. Me imagino a alguien observando las luces encenderse y el sonido apagado de los carruajes. Y el ruido del cuchillo cortando, puliendo, dando a luz a pequeñas personas de madera que, al contrario de Pinocho, fueron hechas a semejanza de gente ya muerta, y que jamás cobrarán vida.

martes 8 de septiembre de 2009

Belgium

En una ciudad gris y escalonada respira una catedral que guarda en su centro un corazón de sangre. El hombre que lo custodia se sienta en silencio cada día bajo una cruz de ébano infinita, que se pierde en el cielo. El hombre ha investido sus movimientos de tal solemnidad que los ha convertido en elemento esencial del milagro que protege. Sin él como envoltura, uno siente que no se ha revelado nada en especial, y que se está en presencia de un cuadro, o de una estatua ordinaria. Un altar desnudo. Pero solo entrar en su presencia basta para ignorar el tintineo de la moneda que regalamos y la mancha amarillenta que consume su túnica; la expectación nos hace su presa y cuando él abre sus manos revelando un cilindro púrpura, lo que vemos en su interior es, definitivamente y sin duda alguna, la sagrada sangre de Cristo.

jueves 26 de febrero de 2009

Cambridge

Cambridge es, como muchas ciudades pequeñas y antiguas, un espejo de grandes ciudades, un destilado de sus historias y batallas, un recipiente de sus detalles y anécdotas. Se me ha hecho mucho más fácil la vida aquí que en Londres, su arquitectura es digerible, los milagros que esconden sus pasajes y calles mucho más accesibles y cotidianos. Su existencia esconde fantasmas, como lo atestigua la colina llamada Gog y Magog. Si subes a la colina en una noche clara de luna y gritas "Knight knight. Tonight come forth" aparece el espíritu de un caballero negro.
He aprendido a amarla en pocos meses, y me atrevo a decir que viviría feliz en esta ciudad de por vida; a pesar del sopor superficial que la cubre en invierno, a pesar del viento furioso que la recorre y de los estudiantes pretenciosos que repletan los colleges.

Vivo en una ciudad que existió en la prehistoria, como la mayoría de las cosas, solo que ésta existió como asentamiento desde antes del Imperio Romano. Gobernada por romanos, sajones, vikingos y normandos, los últimos quienes le legaron su actual nombre. En su forma actual la conciencia arquitectónica de la ciudad decidió construirse hacia adentro. Sus calles son estrechas y poco amigables, el viento se cuela amenazador por entre sus pasajes. Los colleges son creados como únicos refugios verdaderos al clima inclemente, a la torpeza de los adoquines que cubren las calles. La vida en Cambridge es como un truco de magia; puedes caminar por cualquiera de sus calles y desaparecer por uno de los pequeños portales de los colleges, que están regados por la ciudad. Del exterior enmarañado y constipado de gente los colleges se abren como parques enormes, pasillos antiguos y amigables, cálidos y desnivelados. Este mundo está abierto a los visitantes en días irregulares de la semana, lo que lleva a pensar que tiene que haber un día en que todos ellos estén abiertos al mismo tiempo, permitiendo recorrer Cambridge por las entrañas, sin desembocar jamás al mundo exterior. La vida dentro de ellos ocurre en paralelo; los estudiantes de los colleges de la universidad de Cambridge desayunan, almuerzan y cenan en comedores gigantescos coronados por candelabros amenazantes. En cada college existe un Master que cuida del lugar, y solo los Fellows (no estudiantes, sino investigadores o condecorados por la universidad) están autorizados a pisar el pasto que cubre los patios, aunque no existe ningún cartel que lo indique. En las guías de la universidad está estipulada esta exclusividad. El problema, no debidamente predicho por las lumbreras de Cambridge, es que una ciudad con río posee muchos patos anárquicos poco adeptos a reglas humanas. Como resultado, y para evitar la embarazosa frase de "sólo los Fellows y los patos pueden pisar el pasto", la universidad decidió conceder, automáticamente, a todos los patos de Cambridge la categoría de fellows.



Como ciudad universitaria las reglas estudiantiles rigen inconscientemente la vida de todos y han escrito sus propias hazañas en la historia de la ciudad. Existe una oscura tradición de "nightclimbers" desde 1930; grupos de estudiantes que escalan las intrincadas columnas victorianas de los edificios más importantes de Cambridge. Se dice que existen guías secretas sobre las rutas para escalar todos los edificios de Cambridge, incluyendo la indomable capilla del King´s College. Un ejemplo de lo que sucede cuando gente inteligente se aburre son las bromas de la estatua del rey Enrique VIII (cambiar su cetro dorado por una pata de silla que aún se conserva en su lugar) y el Austin Seven estacionado sobre el techo de la casa del senado. La vida universitaria permea todas las demás, especialmente en primavera y en verano, cuando los botes salen con su cargamento de estudiantes medio drogados y borrachos, a navegar plácidamente por el río Cam o, como sería mas oportuno, a chocar torpemente unos contra otros en un esfuerzo algo flojo y risueño por no bloquear el paso de los otros botes.

Todas las calles de Cambridge hablan del tiempo, tanto así que éste deja de importar. Si camino 3 minutos desde mi casa puedo visitar el edificio mas antiguo en Inglaterra, nacido en el 1025, que tiene pequeñas ventanas en la cumbre para que los búhos puedan entrar y comerse a los ratones que habitaban la torre. Si voy al centro camino entre números muy pequeños y lejanos. El primer colegio de la actual universidad de Cambridge fue fundado en 1284 y la capilla del King´s College fundada por el 1400. Sus cielos tallados son una de las cosas mas hermosas que he visto en las iglesias de Inglaterra y en sus paredes conviven en paz las rosas de los lancaster y los york. Una vez entré gratis porque una de mis amigas es estudiante en Cambridge University.
Me toma 5 minutos llegar desde donde vivo al Corpus Christi College, único college fundado por la gente de la ciudad y sus instalaciones datan del 1300 por lo que no cuentan con alcantarillas. Los estudiantes que viven ahí deben, con frecuencia, cruzar el patio en toalla para bañarse en instalaciones mas modernas.
Sus calles están adornadas con pequeñas placas, como tumbas de héroes, que nos cuentan que tras esas paredes se descubrió la circulación de la sangre (William Harvey), la gravedad (Isaac Newton), la evolución (Charles Darwin), la división del átomo (Ernest Rutherford) y la estructura del ADN (Crick y Watson).
Existe un pequeño café, que amo en forma platónica, con un segundo piso que es más un ático que cualquier cosa. Para llegar a él tienes que entrar a un pequeño callejón que rodea una iglesia. El cafe descansa junto a la librería hechizada de libros usados, que tiene como dueña a una mujer madura y extraña, que recibe visitantes enterrada en una montaña de libros. Las ferias de libros usados son hermosas y caras. Libros inalcanzables y antiguos, primeras ediciones, exteriores trabajados y tallados, se alzan en esacaparates ideados solo para que ojos expertos de otros libreros y buscadores de antiguedades los valoren y adquieran.

Las calles centrales de Cambridge dirigen los pasos de los turistas hacia la capilla del King´s College y a un recién llegado. Este lo consume todo, nos recuerda, con total redundancia, que somos irrevocablemente temporales; el cronófago que vive en una de las paredes exteriores del Corpus Christi College, un come tiempo, develado por Stepehn Hawkings y creado por John Taylor (el mismo que inventó el mecanismo del termostato en los hervidores eléctricos). El cronófago se esconde bajo la forma de un reloj y solo da la hora verdadera cada 5 minutos. Ambos hemos vivido el mismo tiempo en Cambridge. Si te acercas lo suficiente puedes escuchar que uno de los sonidos que emite es el de un corazón latiendo.

Cambridge es el espejismo de la normalidad. Da la impresión de ser una ciudad que se puede rodear con los brazos y te satisface con solo una visita. Solo cuando vives en ella te das cuenta de que es una ciudad que jamás terminarás de conocer, porque es una ciudad como cualquier otra, y de esas hay miles y miles en la tierra.

viernes 31 de octubre de 2008

miércoles 24 de septiembre de 2008

Paris

Ahora debería estar trabajando en mi propuesta para mi primer módulo. En cambio, voy a tratar de recordar una ciudad que visité hace 6 meses. Va a ser divertido.
Viajamos a Paris con mi vieja, usando el Eurostar, donde llegas a la ciudad en 45 minutos más o menos sin contar vacas atascadas en las vías o monstruos marinos tratando de destruir el eurotúnel. No tuvimos nada de eso, solo mucha nieve que nos atrasó unos 15 minutos antes de entrar al túnel propiamente tal. Al menos, eso es lo que nos dijeron. Aprendí que los ingleses le llaman English Channel y los franceses Le manche. Nosotros le decimos Canal de la Mancha lo cual no tiene sentido porque Manche es manga en francés y no mancha en español. Anyway.
Viajamos con un grupo de ingleses borrachos tomando champagne y dos franceses que claramente pensaban que todo eso era de muy mal gusto. Dormí la mayor parte del viaje pero cuando desperté me encontré con que avanzábamos entre kilómetros y kilómetros de nieve pura, salpicada por casitas como todas las casitas europeas de campo; de cuentos. Una vez conocí a una mujer que me dijo que la vida era un paréntesis en medio de nada. Me sentí como eso cuando llegué a París. Entre Paris y Londres habían miles de cosas pero no sentí ninguna de ellas, porque el tren se movía bestialmente rápido. Quizás antes de nacer nos movemos demasiado rápido como para sentir cualquier cosa. Llegamos a una estación llamada Gare du Nord que significa Estación del Norte.
A pesar de todas las cosas terribles que los ingleses me habían dicho de los franceses los encontré amables y muy amistosos con gente que hablaba español. También debe ser que cocinan muy bien y hacen cosas tan ricas como los crepes pero no encontré nada terrible en su lenguaje cantado y en las demostraciones de afecto exageradas. Esa tarde comimos una comida de verdad en un restaurant de verdad, con pan, mantequilla y palitos de ajo gratis y con un sabor conocido que no te costaba lo mismo que vender un órgano vital como en Londres. Nuestro hotel quedaba cerca de la plaza de La Republique así que quedaba cerca de un metro del mismo nombre. Los wc podían descargarse en dos velocidades; una para media taza y el otro para la taza completa. Más tarde encontré de esos mismos en Londres y en Cambridge pero no me había dado cuenta de que existían hasta entonces. Los metros son fríos y de pisos altos y curvos.

Visitamos Notre Dame ese día. Yo había ido hace tres años atrás y me generó el mismo impacto que esa vez. Antes, yo nunca había entrado a una iglesia tan grande, tan antigua y tan hermosa. Una vez conocí a una francesa que había encontrado Notre Dame nada grande y bien aburrida. Yo le dije que en mi país no habían iglesias así. La gente que trajó la idea de un dios no tenía que competir con nadie cuando construyó nuestras iglesias porque los nativos tenían dioses pululando por todos lados, no en un solo lugar. Entonces nuestras iglesias son sólo copias de otras más grandes, resplandecientes y caras. Notre Dame es una hermosa nave-madre de iglesias. Dios puede sentirse orgulloso por inspirar a los hombres a tallar esas formas en la roca, ante el efecto de provocar pavor con la inmensidad de las bóvedas, ante la idea de oscurecer el interior para que los vitrales brillen con historias de asesinato, perdón y miseria. Cuando estábamos haciendo la fila para ver a las quimeras en las torres, un grupo que defendía al Tíbet se tomó las torres mas altas de la catedral y tuvimos que ir a la plaza a mirarlos, ya que eso era lo que ello querían, hasta que unos policías franceses los bajaron de las torres con mucho cuidado, enrollaron las pancartas que habían colgado de las fauces y cabezas de las quimeras y nos recomendaron a todos que nos largáramos. Con mi mamá nos encaminamos a la torre Eiffel riéndonos y recitando: liberté le tibet.
Olvidé decir que ese día estaba lloviznando. La primavera se negaba a avanzar. La gente hacía fila bajo las piernas abiertas de la torre Eiffel. Le vimos sus partes con interés. Yo también había estado ahí 3 años atrás pero había subido la torre caminando porque no quería pagar el ascensor. Subí 1665 escalones. Más tarde, en Praga, subí 287 escalones para acceder a la galería del castillo de Praga. Todos eran en espiral. La gente no tenía mucho espacio para escalones anchos y cómodos en ese entonces. Recuerdo que me maree mucho en ese viaje. El viento helado congelaba las sonrisas. El enorme cuerpo metálico de la torre no parecía pesado.
Nos fuimos a acostar temprano. Comimos crepes y compramos pan. Dormimos abrazadas pero despertamos separadas. Eso suele pasar en el sueño. No sabemos cómo o porqué sucede.
AL otro día hicimos muchas más cosas. Fuimos al Petit Palais donde había una exhibición con los grabados de Goya, fuimos a mirar edificios bonitos y fuimos al Hospital de los Inválidos, construido por Luis XIV para soldados enfermos o cansados de pelear. Ahí está la tumba de Napoleón. Si alguien llegara a este planeta y no supiera nada sobre el miedo que la raza humana le tiene a la muerte y a ser olvidado pensaría que Napoleón fue un gigante. La tumba está compuesta por 6 ataúdes uno dentro del otro, como una muñeca rusa, lo que la convierte un un sarcófrago gigante. Napoleón no puede volver como zombie. Sus admiradores lo enterraron bajo 6 capas de mármol, acero y madera para que nadie robara sus restos. La gente roba los restos de otros solo para humillar a sus enemigos. No es nada en contra del muerto en particular.

Comimos mas crepes y tomamos tecito en un cafe muy chulo. Nos preparamos para hacer un paseo en barco a través del Sena porque esa era nuestra última noche en Paris y queríamos ver a la ciudad iluminada. Desde los rios las ciudades se ven distintas. Los peces deben tener una perspectiva interesante de todos nosotros. Durante ese viaje mi mamá se enfermó aunque aún no lo sabíamos. Hacía mucho frio y queríamos estar afuera, recibiendo el aire de frente porque todo se veía hermoso bajo las luces artificiales. Nos fuimos a acostar de la misma manera, esta vez compartiendo bacterias.
Nuestro último día lo pasamos en el Louvre. Había una exhibición sobre Babilonia y entré a ver estatuas reales de Pazuzu y Lilith. Lilith no se llamaba así, ese es su nombre hebreo y acadio. Se dice que su verdadero nombre es Ereshkigal y nunca ve la luz, aunque la mayoría piensa que es un demonio. Estas fueron una de las primeras encarnaciones de aquello que asustaba a los hombres y que se escondía mas allá de las casas y las paredes de la ciudad, más allá de todo aquello que era conocido. Pazuzu era un demonio también, pero era capaz de proteger contra otros demonios. Otros demonios lo consideraban un traidor. Es antiguo, y poderoso. Su nombre viene del sonido que hacen las moscas y está asociado a las nubes de moscas que indican la presencia de algo muerto.
Los babilonios fueron una de las primeras civillizaciones en conceptualizar la muerte. La entendían como miles de pequeños puntos negros zumbando alrededor de algo orgánico. La veían como una danza. También vi la Venus de Milo y la Mona Lisa y la Balsa de la Medusa. La Mona Lisa siempre está sonriendo a pesar de todas las cámaras y turistas y flashes que relampaguean frente a ella todos los días. Es, ciertamente, alguien muy amable. Hay muchos cuadros y exhibiciones hermosas en el Louvre. Estaba muy feliz de poder ver todas esas cosas.
Volvimos temprano para poder tomar el tren. No pudimos ir al Sacré Coeur pero lo dejamos para otra ocasión. Mi mamá comenzaba a sentirse mal. Esperamos en la estación casi dos horas. Habían estufas gigantes en la estación, y todos nos arrimábamos a ellas, como avispas alrededor de colmenas ardientes. Habían varios vagabundos ahí. Uno de ellos dormía ocupando tres asientos. El asiento que estaba al lado de su cabeza estaba vacío. Todos los demás estaban repletos. Una niña gringa se sentó ahí, en una clara muestra de valentía. El vagabundo despertó, reveló su bragueta del pantalón abierta y unos ojos perdidos. Avanzó a la estufa hasta casi abrazarla. Yo lo entendí. Cuando uno duerme la temperatura corporal disminuye. Por eso es tan fácil morir en el sueño. El debe haber pensado lo mismo y tratado de recuperar el calor rápidamente. Mi madre me llamó, había encontrado uan tienda de crepes.
Dejamos Paris sin problemas. El viaje de vuelta fue tranquilo y silencioso. Viajamos tomadas de las manos. No nos quedamos dormidas.